3 de mayo de 2012

Vivir en la diversidad





La palabra diversidad resuena fuerte en mi mundo interior, tiene el aroma de la pluralidad, sabe a heterogeneidad y se opone frontalmente a la gris monotonía y a la rutinaria uniformidad.

El arco iris no es solo una ilusión óptica, una simple descomposición de la luz, los implacables rayos del sol que traspasan las pequeñas gotas de agua que flotan en el aire, un maravilloso arco multicolor con el rojo hacia afuera y el violeta hacia adentro. El arco iris es simplemente los siete maravillosos colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. El arco iris es mucho más que todo esto, es la diversidad.

Mis opiniones siempre pretendieron ser una herramienta para que el mundo se entere de lo que ocurría y ocurre en Israel, en este pedacito tan pequeño de globo terráqueo que la historia asignó para ser el Estado de Israel pero que fue y seguirá siendo la cuna de las tres religiones monoteístas más importantes y el origen de las principales civilizaciones.

Mi idea original, fue informar y esclarecer sobre su acontecer a todos mis hermanos de habla hispana del mundo entero. A pesar de la gran confusión reinante en un mundo aparentemente muy comunicado pero muy mal informado, mis cartas pretendieron llegar a mis hermanos judíos de una manera natural y espontánea pero mi intención siempre fue también comunicarme con mis hermanos gentiles, con los que tuve la suerte de compartir extraordinarias vivencias de vida tanto en mi Argentina natal como curiosamente también en Israel.

Para mi alegría y satisfacción en estos días me estoy enterando que todos estos objetivos se han ido cumpliendo debido a las respuestas gratas y solidarias, de la enorme cantidad de lectores de todos los continentes que me responden desde su condición de no judíos que no sólo comprenden sino hasta se comprometen a aportar para un Oriente Medio más humano, más pacífico y más justo, conviviendo en armonía con lo que muchos llaman con justicia: “Israel, el país de los judíos”. 

Así es que sigo recibiendo miles de mensajes de nuevos amigos del mundo, palabras que me emocionan y sorprenden, a pesar de vivir a miles y miles de kilómetros de distancia de Israel y en sociedades con sus problemáticas completamente diferentes, que comprenden, sienten y comparten nuestros dramas y vivencias medio orientales con tanta claridad y naturalidad como si fuesen universales. 

La diversidad es la más perfecta y armoniosa búsqueda de la creación, es la mejor sinfonía de heterogeneidad posible en la actividad humana, en la formación cultural, en la identidad personal, en la formación de los grupos y en la infinita actividad humana. La diversidad es la heterogeneidad, es la ruptura de los estereotipos que por falta de confrontación suelen potencializarse en los grupos homogéneos.

La diversidad garantiza los derechos humanos: "Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna….Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Las dispersión forzada del pueblo judío durante algo mas de dos mil años trajo como consecuencia que hoy y alrededor del mundo aparezcamos con diferentes apariencias, con diversos idiomas, con distintos colores de piel, con costumbres multifacéticas, incluso con aspectos muy difícil de identificarnos como tales, por esto hoy el judaísmo es multiétnico y pluralista aunque tenga un origen y un gran destino en común.

Buenos Aires impresiona hoy como una metrópolis algo menos europea que cuando la conocí a fines de los setenta, mas cosmopolita, fuertemente multicolor y fundamentalmente diversa. 

Argentina siempre fue un país muy generoso y hoy continúa cobijando sin especulaciones a hombres y mujeres de buena voluntad que intentan adaptarse como pueden en búsqueda de un futuro promisorio: Peruanos, paraguayos, bolivianos, chinos, hondureños, africanos y tantos otros que nutren estas abigarradas muchedumbres que irrumpen cotidianamente desde el alba hasta el atardecer, en la búsqueda del sustento de cada día y de los preciados sueños acunados desde sus tierras de origen. 

El enclave más emblemático de esta diversidad es ese espacio urbano llamado Once: el barrio más heterogéneo de Buenos Aires donde conviven judíos, árabes, armenios, chinos, coreanos, peruanos y provincianos. Un desfile incesante de una ruidosa sinfonía de sonidos y de un colorido arco iris de imágenes, una muchedumbre febril en las veredas, el desordenado desorden de los puestos ambulantes, el aroma a café de bares casi centenarios, el brutal contraste entre el hervidero humano de los días laborables y el desierto silencioso del fin de semana. 

La diversidad es pluralismo, es el pensamiento democrático que asegura la existencia de diferentes posiciones y pensamientos ideológicos, es la participación de los diversos grupos sociales en la vida democrática, es la creación y la promoción de sectores con diferentes puntos de vista sobre su tiempo histórico y su realidad social. La diversidad es heterogeneidad  pues promueve el pluralismo y no pretende representar a un solo pensamiento pues se genera desde la participación, el diálogo y el debate. 

La diversidad me retrotrae a las épocas de mis amigos en mi infancia con los que compartimos juegos, alegrías y el descubrimiento de un mundo nuevo; a mis compañeros de mis años adolescentes con muchos sueños, emociones y nuevas inquietudes juveniles; a mis hermanos de la Universidad con los que proyectábamos la reconstrucción de una humanidad diferente, idealista y más perfecta: el hombre nuevo; amigos de trabajo y de las experiencias de la vida adulta. 

La diversidad es la convivencia armónica entre las diversas culturas que en muchas ocasiones entraron y entran en conflicto entre si pues la supervivencia de una cultura se ve amenazada por el avance de otras  pues a los pueblos aborígenes no siempre les fueron respetados sus derechos mas fundamentales como su cultura, su hogar y su misma vida, habiendo sido sometidos frecuentemente a experiencias históricas trágicamente dolorosas, traumáticas e injustas. 

¿Porque escribo?

Hoy escribo para ustedes, para todos los que llamo mis hermanos del mundo, Escribo para ti, sin importarme tu ideología y sus falsas interpretaciones de izquierdas o de derechas. Sin importarme el color de tu piel, ni tu edad, ni tu sexo, ni tu condición socioeconómica, ni tu nacionalidad, ni tu idioma aunque mi español natal me acompañe desde que estaba en el vientre de mi madre.

Sin importarme tus creencias religiosas porque estoy seguro que Mi Dios y el Tuyo es el mismo. Escribo exclusivamente para aquellos que compartan conmigo el paradigma de una justicia digna para todos, para los que luchamos por conquistar una paz autentica y verdadera sin hipocresías ni especulaciones, para los que soñamos con la verdadera felicidad de compartir entre todos, esta creación perfecta: Nuestro Mundo.




Dr. Guido Maisuls
Buenos Aires, Argentina.
"En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario" George Orwell.

1 comentario:

RECOMENZAR dijo...

tus textos estan lleno de verdades me deleita leerte