14 de agosto de 2007

La verdad enlodada

 

Una carta a Silvia Pisani

 

 

Siendo un asiduo lector de La Nación Digital, al que considero un medio prestigioso y serio, le confieso que estoy realmente sorprendido al leer su nota; la que tuve que releer varias veces pues comencé a desconfiar de mis sentidos pues no daba crédito al texto.

 

Usted comienza diciendo en una forma poética que la tierra en donde se encuentran Oriente y Occidente nunca fue realmente un Estado. Si mis conocimientos geográficos no me traicionan y Ud. se refiere a la franja de territorio que va desde el mar Mediterráneo hasta el Rió Jordán, en el año 1948 la ONU vota por la partición,   para otorgarles esa tierra, que Ud. define como sin Estado, al nuevo y reconocido Estado de Israel, que lo fue  por decisión mayoritaria del concierto de naciones y la otra parte estaba destinada para una entidad nacional árabe pues en esa época no se conocía o no existía el llamado pueblo palestino ya que fue de posterior creación.

 

Esta partición  fue rechazada violentamente por todas las naciones árabes y concluyo con un ataque brutal y salvaje de mas de una docena de los ejércitos árabes para echar al mar a una pacifica y poco bélica población de judíos israelíes que retornaban a su tierra luego de ser perseguidos, humillados y masacrados durante demasiado tiempo por la casi totalidad de las naciones y pueblos con los que convivieron.

 

Hubo Estado de Israel y no hubo un estado para la población árabe sencillamente porque ellos mismos lo rechazaron y los que fueron refugiados, lo eligieron por propia voluntad porque todos los gobiernos árabes del Medio Oriente les prometieron que volverían a esa tierra cuando no quedaran mas judíos viviendo allí.

 

Me consta que los pobladores árabes que viven en esas zonas no son todos terroristas ni andan todos encapuchados, los verdaderos terroristas, los que envían jóvenes, niños y mujeres embarazadas a inmolarse en los bárbaros atentados suicidas simplemente para asesinar a trabajadores, a estudiantes niños y adolescentes, a amas de casa y a ancianos jubilados, ellos son los verdaderos culpables de que en esta tierra sin estado, según usted, no se haya encontrado soluciones pacificas y dignas para todos pero aun son mas culpables todavía esa serie de gobiernos y organizaciones fundamentalistas y genocidas como Irán y Siria, que siguen alimentando con ideologías medievales y retrogradas a los Hezbollah, a los Hamas y a los Fatah y continúan echando combustible al fuego para perpetuar un conflicto que ya tendría que haberse solucionado y desaparecido de los titulares de los periódicos sensacionalistas del mundo.

 

 

Los paisajes de tierra santa siguen siendo bellos, se siguen viendo los camellos, los minaretes y también los suaves medanos, me consta porque conocí todos los rincones de esta tierra sin estado y también vi a los palestinos sembrando la tierra, no en la medida en que debieran hacerlo pues sus dirigentes corruptos no se los permiten, porque sencillamente se roban todas las ayudas internacionales para repletar sus frondosas cuentas bancarias en bancos suizos, desde Arafat hasta los burócratas mas pequeños, todos se enriquecen de lo que el sufrido pueblo palestino no recibe pues aparentemente están destinados solo a recibir arengas y proclamas de odio y muerte hacia los vecinos y hacia occidente.

 

Si desea tener un ejemplo mas claro recuerde la nefasta experiencia de la retirada israelí de Gaza, se dejo intacta la estructura productiva de los colonos, el Banco Mundial pago por los invernaderos de alta tecnología donde se producían las mejores frutas y hortalizas de Israel,  destinadas para que haya fuentes de trabajo y producción para los palestinos de Gaza luego de la expulsión de los colonos. Pero los Hamas y los Al Aksah los incendiaron, los saquearon, los destruyeron porque estaba impurificado por los sionistas o quizás porque no les convenía un pueblo que se ganara el sustento con el trabajo fecundo y dignificado, no les importa el pueblo sino como cabalgar sobre el y así continuar con sus alucinadas y diabólicas guerras santas.

Hoy las puertas de Gaza están cerradas definitivamente por Hamas y su locura fundamentalista, ellos lo quieren así, únicamente se abren las puertas para que ingresen armas, equipos y explosivos cada vez mas sofisticados y seguro que no para el ingreso de alimentos, de medicamentos y de atención medica.

 

La pobreza y el miedo lo siguen sustentando las organizaciones y dirigentes palestinos pues este es su negocio, si esto desaparecería a ellos se les terminaría los principescos privilegios que lograron conseguir con la fuerzas de las armas y de las bombas. Mientras tanto los derechos de los niños palestinos son escandalosamente violados al incorporarlos a esa maquinaria de odio y muerte que supieron construir.

 

Los palestinos conocen muy bien lo que paso y pasa en Gaza, que hubo despiadadas matanzas y persecuciones, dignas del mejor estilo de los nazis o de la KGB, se mataron entre hermanos, se torturaron entre palestinos, se saquearon todo lo que tenia algún valor, se violaron todos los derechos mas elementales del ser humano y todo sin que Israel haya tenido ninguna participación. Hamas sabe muy bien como usar el terror y no solo contra los israelíes, lo supieron hacer muy bien contra sus propios hermanos, sin ninguna piedad y sin una pizca de misericordia humana.

 

Se dará cuenta de que estoy muy indignado y no lo puedo disimular, no la conozco pero usted manifiesta una falta de ética sin limites, tergiversa permanentemente e inventa una atmósfera de heroísmo romántico en donde solo hay un pueblo empobrecido y sufriente,   engañado y sometido por las organizaciones palestinas que asientan su poder en el terror, en la inhumanidad y en la mentira.

 

Solicito formalmente al periódico La Nación, que hasta ahora merece el mejor de mis respetos, que revise con seriedad la permanencia de periodistas como la Sra. Silvia Pisani, que se prestan a usar un medio de comunicación masivo y creíble para enlodar aquello que solemos llamar La Verdad.

 

Quiero cerrar esta replica con una frase perteneciente  a ese detestable personaje en la historia de la humanidad llamado Goebbels:

  "Miente , miente, que al final algo quedará"
 
Dr. Guido Maisuls.
guidomaisuls@gmail.com
 

 

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El mundo / Documento fotográfico

Palestina hoy

La tierra donde se encuentran Oriente y Occidente nunca fue realmente un Estado. Seis millones de palestinos viven apiñados en dos pequeños territorios, acosados por la presión israelí, entre la pobreza, el miedo y la muerte

 

Domingo 5 de agosto de 2007 | Publicado en la Edición impresa 

 

Suele haber algo de discrecionalidad en el acto de elegir fotos para contar una vida. Porque no siempre se hace justicia.

En Europa, por ejemplo, se suele afirmar que entre lo mejor que le puede ocurrir a un enfermo figura dar con un médico palestino: tienen excelente prestigio. Y ocurre que los seis millones de palestinos no son particularmente gritones. Ni tampoco andan encapuchados y con armas. Pero cuando se habla de ellos, ésas suelen ser las fotos: armas y gritos. Un terrorista.

Hubo un tiempo en que las imágenes eran otras. Y de eso hablan, hoy, las paredes de los modestos hostales –esos que están fundidos por seis décadas de guerra y ni un turista–, donde suele haber copia de viejas litografías. Las preferidas son las de un tal David Roberts, que viajó por Tierra Santa alrededor de 1850 y dejó volúmenes de encantadores dibujos en los que los palestinos de entonces siembran la tierra. Y luego se ven los camellos, los minaretes y los médanos suaves como partituras.

El contraste entre aquella visión y la de hoy es enorme. Antes, daban ganas de ir. Hoy, aunque se quiera, no se puede: el ingreso en Palestina depende de los pasos que controla el Estado de Israel. Y no siempre abre la puerta.

En el momento de escribir estas líneas, por ejemplo, ya hay decenas de personas muertas en el paso de Rafa –uno de los tres que tiene el territorio de Gaza para conectarse con el mundo–, que permanece cerrado desde hace semanas. Los palestinos que quieren volver a su casa no pueden: sin dinero, permanecen bajo el sol. De esa espantosa agonía, que levanta indignación entre israelíes, no hay ni una sola foto. La gente muere esperando que se abra una barrera.

Palestina, la tierra donde Oriente y Occidente se encuentran, la tierra donde convergen las tres religiones monoteístas, nunca fue un Estado. Y, pese a que se le reconoció el derecho, sigue sin serlo. Hoy, los seis millones de palestinos viven apiñados en dos franjas de territorio que, en conjunto, suman tanto como Tierra del Fuego. Una es Gaza, recostada sobre el Mediterráneo y encerrada por alambres. La otra es Cisjordania, rodeada por el muro que hizo construir el gobierno israelí.

Se vive allí una vida de pobreza y miedo. Compartirla es una experiencia perturbadora, donde la muerte y la opresión están presentes. Los chicos corren entre los llamados "campos de refugiados", donde, desde hace décadas, se hacinan quienes perdieron su casa en la tierra que hoy ocupa el Estado de Israel. Entre sus primeras palabras figura "zanana", que es como en árabe se dice "zumbido": les sirve para advertir que se acerca un caza no tripulado y que puede atacar, como ocurre a menudo. La Nacion lo escuchó varias veces. Y da pánico. Ellos viven con miedo todos los días.

Algo pasó entre las litografías del siglo pasado y el miedo de hoy. Palestina, la tierra de paz, es hoy un grito en la conciencia. Un grito como de foto, de esos que se miran y no se escuchan.

Por Silvia Pisani

revista@lanacion.com. ar

Fotos: Ap y Reuters

 

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