7 de mayo de 2007

Bienvenidos a Palestina

Edvard Munch: EL GRITO.Pocas cosas reciben más apoyo en la arena diplomática que la noción de que es fundamental establecer un Estado palestino. Los líderes mundiales están tan ocupados hablando de lo esencial que es erigir un Estado palestino que, al parecer, no se han dado cuenta de que ya hay un Estado palestino.
Dicho Estado fue oficialmente fundado en el verano de 2005, cuando Israel sacó de la franja de Gaza a sus militares y a su población civil y, por lo tanto, estableció el primer Estado palestino completamente independiente de que haya tenido noticia la Historia. Además, Israel ha creado en el norte de Samaria las condiciones para el establecimiento de un Estado similar destruyendo cuatro comunidades israelíes y limitando sus operaciones militares en la zona.

Así pues, repito: los activistas y hombres de Estado que proclaman abiertamente su compromiso con el establecimiento de un Estado palestino soberano pasan por alto el hecho de que Palestina, de hecho, ya existe. Y es una pesadilla.

En el Estado de Palestina, el 88% de la gente se siente insegura; puede que el 12% restante lo conformen los integrantes de la plétora de milicias regulares e irregulares. Y es que, en el Estado de Palestina, la proporción de policias/milicianos/hombres armados es superior a la registrada en cualquier otro país.

En el Estado de Palestina se asesina a los niños de dos años sin que a nadie le importe. A los niños se les despierta en mitad de la noche y se les da muerte delante de sus padres.

En el Estado de Palestina, los fieles que acuden a la mezquita A son tiroteados por terroristas que acuden a la mezquita B; y a nadie le importa. No hay organización internacional alguna que publique informes en que se pida el final de las matanzas. La ONU no condena a nadie ni envía misiones de investigación para que los crímenes sean esclarecidos.

En el Estado de Palestina se desnuda a las mujeres y se les obliga a desfilar por las calles con el fin de humillar a sus maridos. Se detiene a las ambulancias que van camino de los hospitales y se tirotea a sangre fría a las personas que trasladan aquéllas. Los terroristas entran en los quirófanos y desconectan a la gente de las máquinas.

En el Estado de Palestina la gente es secuestrada de sus hogares a plena luz del día y delante de las cámaras de televisión. Esto puede pasar porque los propios secuestradores hacen las veces de cámaras. De hecho, con frecuencia son sus jefes los que controlan las cadenas de televisión. Dado que los terroristas controlan las televisiones, a nadie debería sorprender que se dediquen a volar las cadenas de la competencia. Hamás ataca a quienes se anuncian en la radio de Al Fatah, y cierra las emisoras de ésta porque, dice, desde sus micrófonos se incita al crimen. De hecho, incitan al crimen. ¿Qué otra cosa cabría esperar de una emisora comandada por terroristas?

Así pues, en el Estado de Palestina los periodistas –estén o no encuadrados en grupos terroristas– forman parte de ese 88% que tiene miedo. El reportero Alá Masharaui ha declarado al Jerusalem Post: "Nadie sale a la calle, nadie se mueve sin pensárselo dos veces. Las calles de Gaza se han convertido en algo terrible, especialmente de noche. Gaza es una ciudad fantasma".

De acuerdo con Jaled Abú Toameh, del Jerusalem Post, en el Estado de Palestina los cristianos son perseguidos, robados y apaleados, en lo que sólo puede considerarse una campaña orquestada para poner fin a la presencia cristiana en lugares como Belén. "Estoy seguro de que dentro de quince años no quedarán cristianos en Belén. Habrá que tirar de lupa para encontrar alguno aquí", se lamentaba recientemente Samir Qumsiyeh, propietario de la cadena privada de televisión Al Mahd TV (Natividad TV), radicada en Beit Sahur.

Son multitud los ministros del Gobierno israelí y los comentaristas políticos que andan buscando una significación estratégica al conflicto que se vive en el Estado de Palestina. La titular de Exteriores, Tzipi Livni, no para de hablar de reforzar a "los moderados", es decir, al grupo terrorista Fatah, en detrimento de "los extremistas", es decir, del grupo terrorista Hamás.

Mahmud Abbás (Abú Mazen).En su ayuda acude el rais de la Autoridad Palestina y jefe de Al Fatah Mahmud Abbás. Abbás y sus hombres cuentan a los occidentales lo prooccidentales que son... al tiempo que bautizan calles e instalaciones deportivas financiadas por EEUU con nombres de terroristas que matan a soldados norteamericanos en Irak.

El portavoz de Al Fatah en la oficina de Mahmud Abbás ha responsabilizado de la escalada de violencia registrada en Gaza, Judea y Samaria, y que se ha cobrado la vida de 29 personas (dos de ellas niños) en cuatro días*, a Teherán y Damasco. "Irán y Siria están alentando a Hamás para que siga luchando contra Al Fatah", ha afirmado.

De acuerdo con el Shin Bet (Agencia de Seguridad de Israel), Hezbolá (léase Irán) ha tomado el control de las operaciones de Al Fatah en Nablús. Desde la retirada de Israel del norte de Samaria, en agosto de 2005, el Shin Bet viene observando que Nablús, así como Gaza, se ha convertido en un mini-Afganistán.

Así que, a día de hoy, no sólo los terroristas de Hamás operan bajo las directrices iraníes y sirias, también los encuadrados en Al Fatah, lo cual no impide a Israel y a EEUU seguir suministrando armas y dinero a los jefes del terror de Fatah. No quieren ver en lo que es.

Dichas armas no se están empleando para impulsar la moderación: se están empleando, tanto contra los israelíes como contra los palestinos, en la batalla regional que están librando los grupos terroristas para hacerse con el control del dinero, las armas y el poder. Y la seguirán librando porque matar por dinero, armas y poder es lo que hacen los terroristas.

Durante los últimos 13 años, desde que se estableciera la Autoridad Palestina (1994), el contorno y las características del Estado palestino han ido cobrando forma delante de nuestros ojos. Arafat empezó demoliendo la legalidad y desatando una campaña criminal contra los agentes inmobiliarios y los periodistas; la AP va ganando poder cada año que pasa, y la situación no ha hecho otra cosa que empeorar. No obstante, las presiones, por parte de los árabes, los europeos y EEUU, para que Israel ceda más territorio, recorte su autoridad, olvide sus reclamaciones sobre las áreas concedidas a Palestina y financie al grupo terrorista Fatah no han hecho sino cobrar mayor intensidad. Y, con cada año que pasa, la voluntad de resistir la presión por parte de las autoridades israelíes sufre una mayor erosión.

Amir Peretz.El ministro de Defensa, Amir Peretz, ha llegado a decir que es partidario de negociar con Hamás. Peretz es favorable de extender la prohibición de operaciones militares israelíes sobre Gaza a Judea y Samaria, para así "dotar de poder" a los palestinos. No hace falta decir que tales operaciones están encaminadas a evitar matanzas de civiles israelíes como la perpetrada, recientemente, en Eilat.

Por su parte, Livni se ha convertido en la defensora internacional de Al Fatah. "Con el fin de lograr la paz y el orden necesarios para promover un proceso, debemos mantenernos en la defensa de una solución basada en el establecimiento de dos Estados y estudiar cuáles serían las mejores medidas para ello", declaró en Davos (Suiza), ante una audiencia de partidarios internacionales del proceso de paz.

Por supuesto, ni Livni ni Peretz, que insisten en que la gran prioridad de Israel es el establecimiento de Palestina, están dispuestos a reconocer que Palestina ya existe. Se niegan a reconocer lo que ya sabemos: que Palestina es un Estado terrorista y adicto a la ayuda económica, de la que depende por completo.

Por cierto, desde que Hamás se hiciera con la victoria en las legislativas, la asistencia internacional a los palestinos se ha incrementado sustancialmente. De acuerdo con Ibrahim Gambari, subsecretario de asuntos políticos de la ONU, la ayuda occidental a los palestinos (es decir, sin contar el apoyo árabe e iraní a Hamás y Al Fatah) aumentó un 10% en 2006 (frente a los datos de 2005) y rondó los 1.200 millones de dólares.

Los palestinos, que reciben más ayuda por cápita que ningún otro pueblo, no son pobres porque carezcan de dinero. Son pobres porque prefieren la pobreza, la violencia y la guerra a la paz, la prosperidad y la moderación. El 57% de los palestinos apoya los ataques terroristas contra Israel.

Las multitudes que demandan en todo el mundo el fin de la denominada "ocupación" y el establecimiento de Palestina, así como los políticos que hablan y no paran de "visiones" y "soluciones sobre la base de dos Estados", deberían asumir que, de hecho, Palestina ya existe. Palestina es esto. Pase, si quiere; pero asuma las consecuencias.



CAROLINE B. GLICK, periodista del Jerusalem Post.

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